Diez veces India

Hoy les escribo desde el Norte de India y dice mi pasaporte que en los últimos años he entrado en más de diez oportunidades a este país. Me gustaría aclarar que no soy un buscador espiritual y ni siquiera un fanático yogi, pero que aún así en este país hay algo que siempre me ha atraído.

En este artículo me gustaría que me acompañen a descifrar qué es…

Diez veces India!

 

Primera llegada a India

La primera vez que llegué a este país lo hice desde Sri Lanka. Aterricé en el aeropuerto de Madurai, una pequeña ciudad en el estado de Tamil Nadú, y esa noche había acordado quedarme en casa de Kartik, un chico que ofrecía alojamiento gratuito vía couchsurfing.

Había quedado de llamarlo una vez en el aeropuerto, pero luego de hacer inmigraciones estaba tan maravillado con lo que sentía que sin pensar salí y simplemente me puse a caminar.

Iba cegado, feliz, riendo para mi mismo cuando un “tuk – tuk” paró y se ofreció llevarme. Le contesté que no tenía rupias y que sin ningún problema seguiría caminando hasta el centro de la ciudad.

Clase general de un tren en India. En aquel tiempo viajaba sobre la parrilla donde se colocan los bolsos.

 

El chofer no se hizo mala sangre y se fue, pero al ver que luego de unos metros no me retracté se dió la vuelta. Me explicó que el centro era muy lejos y que hacía demasiado calor para ir caminando. Me dijo que no me preocupara, que me subiese al tuk – tuk que él me llevaba, y por las dudas se encargó de aclarar: ¡gratis!.

Me llevó hasta la parada de omnibus. Una parada que en ese momento me pareció maravillosa. Estaba llena de gente de las aldeas con bultos y animales. Personas de un color oscuro casi violeta, súper delgadas, con dientes blancos impecables y miradas de curiosidad infantil.

El chofer se quedó a mi lado y esperó 10’ hasta que el destartalado bus llegó.

Subió conmigo, me “encargó” al guarda y por señas me hizo entender que ellos me llevarían al centro de la ciudad. | y gratis!

 

Empezaba el 2014 y todavía no me imaginaba que poco después viajaría de sur a norte y de oeste a este recorriendo el país durante largos meses; que dormiría en templos, aldeas y estaciones de tren, que poco a poco aprendería el idioma local, que aquí conocería a mi compañera de vida y que, de una forma u otra, durante los años venideros siempre estaría ligado a este contradictorio y maravilloso país.

 

Durante aquel 2014 recorriendo todo el país por tierra

Pero, ¿qué hay en India que la hace tan especial?

Cuando vengo a India me gusta observar a las personas, conversar, estar cerca, mezclarme. Me gusta caminar por los mercados, ir a los templos, estudiar las costumbres y escuchar historias. En India el día a día está marcado por la religión y todavía me sorprendo como tanta gente puede convivir en un espacio tan reducido, superpoblado y desigual.

India está llena de contradicciones e injusticia, la gente que más tiene se lleva lo poco que queda, en la mayoría del territorio el gobierno no es más que una gran ausencia y en las zonas rurales cada familia está librada a su propia suerte y empeño.

 

En India los Dioses parecen ocupar el rol protector que el Gobierno y las personas en el poder han olvidado.

 

Dentro de toda esta falta lo que más sorprende es la calma de las personas de a pie. La vida se vive en paz, lo poco que hay se comparte y el día a día generalmente se lleva con una sonrisa.

En este país de tantas carencias conviven más de un billón de personas que creen en al menos siete religiones diferentes. Cada pueblo tiene sus costumbres, su ropa, su dialecto, su cocina, e incluso su propia forma de gobierno.

Creo que lo que hace a India tan especial no son sus paisajes y ni siquiera sus construcciones, lo que la hace tan especial es su gente y sobretodo lo que uno siente cuando convive con ellas.

 

Personas “de a pie” con las que se comparte el día a día.

 

Cuando uno está en India convive con Hindúes de sonrisa fácil, con musulmanes de miradas duras, con Budistas de pocas palabras y a veces también con Cristianos que adoran a un Jesús colocado sobre un trono de jazmines. Acá se comparte la calle con vacas que cortan el tránsito y con monos que atentan con robarte lo que lleves, con niños que corren curiosos atrás tuyo y también con Sadhus, esos viejos de barba y rastas que han renunciado a todo para dedicarse a la vida espiritual.

En India el día empieza bien temprano cuando los hombres se aglomeran en los puestos de chai. Los comerciantes barren las calles levantando una nube de polvo eterno y las mujeres con coloridos saris cargan fardos en la cabeza. Las campanas de los templos no paran de sonar y de a poco las bocinas empiezan a decir presente. Uno puede pensar que todo es un caos, pero detrás de ese desorden reina una perfecta anarquía donde todo y todos tienen su lugar.

En India casi no existen las rejas y las mujeres llevan sus ahorros en adornos de oro con toda seguridad. Los billetes cambian de mano en mano a la vista de todos y la única arma de los policías es un bastón de bambú. Cada acción es digna de una mirada, y cada persona, merece una foto. En cada rincón de este país se esconde un secreto, una historia, una leyenda.

Sobre el mediodía la comida empieza a estar lista y el aire se llena con ese olor particular que las especies cocinadas dejan detrás de sí. La comida es casi siempre vegetariana y no dejo de sorprenderme con las mil y un variaciones que han encontrado para preparar los mismos alimentos (arroz, harina, lentejas, verduras y garbanzo).

Cada estado tiene sus recetas tradicionales y además de éstas, las personas varían mucho en distancias muy pequeñas.

 

Miles de etnias, razas y grupos componen este multicultural país.

 

India es el nombre de un país que une a miles de millones de personas. Gente de mil y un razas, creyentes en cientos de Dioses, cocineros de las más exquisitas recetas y dueños de los más antiguos secretos.

Es difícil, cuando no imposible describir este “país” con unas pocas palabras, y bien que a este rincón del mundo podría seguir viniendo otras diez veces más y aún así no conocer todas sus facetas.

 

Aún así, te dejo algunos consejos por si a Ti también te interesaría empezar a conocer este país alguna vez

 

Si estás pensando viajar a India mi recomendación es que lo hagas de una forma consciente. Que disfrutes del tiempo, que no corras y que te esfuerces por salir de la ruta turística más convencional (el llamado “triángulo de oro”).

Visita aldeas y conoce a las personas. Déjate absorber sin tiempo por la paz eterna de algún templo y camina sin rumbo hasta que de tanto perderte, te encuentres contigo mismo.

Te recomiendo que te intereses por conocer más sobre la historia y las creencias de las personas que vas a visitar para que de esa forma, entiendas que es lo que está pasando en dicho lugar. Ojalá puedas vestirte en parte como ellos, camines con humildad y llames la atención lo menos posible.

 

Sin duda la esencia del país está en sus pueblos y quienes los habitan.

 

En este país verás cosas que en nuestra parte del mundo serían inviables e inentendibles, pero si vienes a India tendrás que esforzarte por entender que aquí todo eso es tan normal como lo que hoy ves a tu alrededor.

Venir a este país sin prejuicios, preconceptos o ánimo de juzgar a una cultura totalmente diferente a la nuestra es indispensable para poder disfrutar de la experiencia.

Como ya te habrás dado cuenta, India es un país totalmente diferente a cualquiera del resto del mundo, así que si sos de los que les gusta la aventura y el desafío: ojalá este sea uno de tus próximos destinos!.

 

Saludos,
Martin

Por | 2018-11-30T22:46:05+00:00 noviembre 30, 2018|DestinOriente|Sin comentarios

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