¡Hola a todos!
En el blog de hoy les escribe Erika, coordinadora de viajes en DestinOriente y apasionada por Asia. Desde Bali, quiero contarles sobre lo que más me gusta de viajar y vivir en Asia.
Aún tengo muy presente mi primer viaje a este lado del mundo. Le dediqué muchísimo tiempo a la organización, con una mezcla de miedo, incertidumbre, pero sobre todo curiosidad y una gran emoción. Cuando finalmente llegué a Tokio, me invadió una sensación de asombro. ¡Estaba literalmente del otro lado del mundo! Todo era un contraste: el bullicio de la ciudad y la calma que transmitía la gente, miles de luces de colores, pero a la vez mucha discreción, algo que me cautivó desde el primer día. En ese viaje también recorrí Tailandia y los increíbles templos de Angkor en Camboya, pero lo que sin dudas nunca imaginé fue que ese viaje inicial sería el comienzo de una relación mucho más profunda con este continente.
Un tiempo después, volvió a llamarme Asia, y esta vez decidí quedarme por más tiempo… Fue entonces cuando realmente conecté con estos lugares y, más importante, con su gente. Esa conexión fue tan poderosa que en 2024 decidí establecer mi base en Bali.
Pero, ¿qué es lo que hace que tantos viajeros se enamoren de Asia y decidan regresar una y otra vez?
En primer lugar, diría que su diversidad y las fascinantes culturas que conviven en este increíble rincón del mundo. Asia es un continente inmenso y muy diferente a lo que conocemos; su comida, sus aromas, sabores, religiones y tradiciones. Eso que usualmente le llaman “choque cultural” puede parecer desafiante en un inicio, pero finalmente se convierte en un gran regalo para cualquier viajero, enriqueciendo mucho su experiencia. Lo diferente, es lo que nos hace crecer y llegar a un estado transformador como resultado de exponernos al mundo, ampliando nuestros horizontes y ayudándonos a comprender que nuestras diferencias no nos separan, sino que nos complementan. Mi invitación es a que salgas de su zona de confort, que pruebes cosas nuevas y te animes a la aventura. Por ejemplo, en Japón y Vietnam disfruto mucho de experimentar con la gastronomía, ya sea en puestitos callejeros o en lujosos restaurantes, siempre es posible disfrutar de sabores increíbles, más allá del sushi y los rollitos primavera.
Un segundo aspecto que encuentro inspirador es la espiritualidad asiática. En muchos países de Asia, la espiritualidad es una parte fundamental de la vida cotidiana de las personas. No es algo que solo se practica en templos o ceremonias especiales, sino que está presente en pequeños gestos y rituales diarios. En Japón, es común ver a las personas detenerse frente a un santuario para hacer una breve oración antes de seguir con su rutina, mientras que en Bali, las personas hacen ofrendas varias veces al día a los dioses para honrarlos y expresarles respeto y agradecimiento. Estas pequeñas acciones reflejan gratitud, respeto y conexión con algo más grande que nosotros mismos.
Las maravillas naturales han sido otro de los atractivos que más disfruto de Asia. Desde los volcanes y cascadas de Bali, pasando por los imponentes Himalayas, la increíble Bahía de Halong en Vietnam, el impresionante Monte Fuji en Japón, las playas paradisíacas de Tailandia o la exuberante selva tropical que recobra su terreno entre las ruinas de Angkor en Camboya. Cada uno de estos lugares te invitan a la contemplación y verdadera conexión con la naturaleza y contigo mismo, a vivir más en el presente y encontrar un sentimiento de paz en lo más simple.
Pero sin dudas, si tengo que elegir lo que más hace especial a Asia, sin duda sería su gente. Desde el primer momento, quedé maravillada por la calidez y amabilidad de las personas que conocí. Siempre me recibieron con una sonrisa y una auténtica curiosidad por mi cultura, lo que permitió que se abrieran puentes de conexión e intercambio de experiencias, incluso sin hablar el mismo idioma. Recuerdo especialmente un día en la región de Sapa en Vietnam, donde tuve la oportunidad de compartir con una familia local después de recorrer los famosos arrozales de la zona. Allí, recolectamos vegetales en su huerta, luego cocinamos entre todos y finalmente compartimos una mesa repleta de risas. ¡Definitivamente un día inolvidable!
Como puedes ver, para mí estos viajes han sido una experiencia transformadora, una puerta hacia nuevas formas de ver el mundo y de conectarme con el entorno. Si te gustaría vivir esta experiencia, te invito a sumarte a alguno de los viajes que estaré coordinando este año con DestinOriente. En mayo y octubre iremos a Japón y en septiembre a Vietnam y Camboya.
¡Espero verte pronto en nuestra próxima aventura y compartir contigo todo lo que estos maravillosos países tienen para ofrecer!
Erika










